LA CASOTA, un lugar para perderse

Cuando vi en el calendario que tenía un fin de semana entero libre (cosa difícil trabajando en comercio) y que coincidía con mi chico, me dispuse a planificar una escapada romántica a un hotel rural. A pesar de que no somos mucho de campo, siempre nos ha gustado ir a hoteles o casas rurales con encanto, pequeñitas, de trato cercano y muy especiales. Hasta el momento, hemos tenido buen ojo al escoger todas ellas y esta vez me alegra saber que también acertamos.

¿Queréis conocer un poquito más LA CASOTA?


Empecé a buscar por las típicas webs de alojamientos, como pueden ser Booking y Top Rural. También a poner en Google (que todo lo sabe) algo así como "hoteles rurales con encanto comunidad valenciana" y tras varias horas de indagar por múltiples lugares la encontré.

LA CASOTA es una finca agrícola situada en el corazón de La Vall de Laguar, entre Fleix y Campell (Alicante). Tiene su origen en un viejo asentamiento almohada del siglo XII y que se fue ampliando gracias a colonos mallorquines en el siglo XVII.

Reconvertido en un alojamiento rural de la mano de Joaquina, nos comentó que estuvo abandonado unos 90 años antes de que ella se encargara de la finca y que era lugar de reunión de los niños de los pueblos de alrededor. Ella y su marido lo rehabilitaron y lo convirtieron en lo que es ahora, un lugar para perderse.

La finca, de unos 13000 metros cuadrados, posee diversas edificaciones siendo algunas de ellas casas rurales completas en las que pueden alojarse de 6 a 10 personas o pudiendo elegir la opción de reservar habitaciones individuales. Sea cual sea la opción escogida, las zonas comunes no pueden ser más idílicas e inspiradoras de paz y tranquilidad. Y con unas vistas que son la envidia de cualquier lugar de ensueño, vislumbrando desde ahí todos los pueblos que separan este lugar del mar.








Una vez llegamos, fuimos a recepción para hacer la entrada y que Joaquina nos explicara un poco dónde estaba todo y dejamos las maletas en la habitación, con paredes de piedra, algo que siempre me recuerda al salón de nuestra boda en Mas d'Alzedo.

La habitación tenía un buen tamaño y la cama era preciosa, con un cabecera antiguo y mosquitera circular, aunque por lo que parece estrenamos colchón, ya que el que había anteriormente se quedaba pequeño. ¡Menuda maravilla! Era comodísimo. Algo que no pregunté antes de ir, pero que hubo era el baño con bañera. Por si acaso, nos llevamos un par de bombas de baño, que finalmente no utilizamos porque dedicamos el tiempo a otras cosas.




Como llegamos el viernes sobre las 20h, decidimos quedarnos a cenar allí mismo y pasar una noche relajada, ya que habíamos madrugado ese día para ir a trabajar. Nada más entrar por la recepción, a la derecha nos encontramos con un salino donde poder quedarse a descansar o leer un buen libro.


Subiendo las escaleras, llegamos a un pequeño comedor, donde nos tenían una mesa preparada. Esa noche éramos los únicos que cenábamos allí, así que disfrutamos de una velada romántica.

He de comentaros que en la finca hay campos de cultivo ecológico y gallineros y no sabéis lo agradable que es saber que algunos de los ingredientes de la cena fueron directamente de la huerta al plato, como los tomatitos cherris o las judías.

La cena nos encantó. Todo delicioso y preparado con mucho cariño por Joaquina y Svetlana (la cual ayudaba también en tareas de limpieza de la finca).

Comenzó el menú con una tosta con queso de cabra y tomatitos cherry. Como mi chico no es muy amante del queso, tuve que hacer el esfuerzo de comerme yo las dos. Después, nos deleitaron con un hervido moderno, de texturas diferentes al hervido habitual y ¡estaba riquísimo! Para continuar, salmón con salsa de champiñones y de postre un bizcocho borracho que eso era manjar de dioses. Salimos llenos y enamorados de la cocina y del trato.






Estos días son de calor supremo, por lo que un ratito en el porche era gloria aunque las temperaturas fueran altas. Por la tranquilidad y por las vistas con todos los pueblos iluminados. Además, el viernes tuvo lugar el eclipse de luna en la que pudimos ver la luna roja o luna de sangre casi de principio a fin. Mientras, y aprovechando que se trata de un lugar idílico pero con wifi, estuvimos viendo una película en Netflix, ya que nos llevamos el iPad al viaje.


A la mañana siguiente desayunamos allí y si lo de la noche estaba rico, el desayuno no se quedaba atrás. ¡Super completo! Zumo de naranja recién exprimido, café, tostadas con mantequilla y mermelada, tomate triturado y embutido y bizcocho recién hecho. ¿Qué más se puede pedir? Todo perfecto para coger energías para la jornada.

Aunque no planeamos rutas, en la zona de recepción tienen mucha información sobre lugares de la zona y planes que realizar. En nuestro caso, decidimos dar una vuelta por Pego y realizar una ruta en coche por las montañas colindantes y hacer un alto en el camino en diversos paradores desde los que pudimos apreciar, por ejemplo, el Barranco del InfiernoEs cierto que las temperaturas no acompañaban para realizar senderismo, pero es algo que nos hubiera encantado, aunque con 36ºC, creo que hicimos bien en recorrer toda la zona en coche.

Paramos por el camino en un lugar cualquiera, a comer tortilla de patata que nos hablamos traído de casa, bajo la sombra de un árbol y la brisa de la montaña y al volver a LA CASOTA, tocó un rato de siesta que quizá se nos fue de las manos.

El día lo finalizamos de la misma forma que el anterior, viendo una película en el porche de la casa porque no podía haber mejor plan en la vida que ese. A todo esto, ese fin de semana eran las fiestas del pueblo de al lado, de Campell, por lo que la ambientación musical la teníamos casi las 24h del día y de la noche. Menos mal que la habitación estaba bastante bien aislada y eso no afectaba a las horas de sueño.




El domingo amanecimos a una hora decente y decidimos almorzar el Campell. Y digo almorzar porque la hora del desayuno ya se había pasado. Nos decidimos por unas bravas y unos calamares en una terraza de uno de los bares y continuamos nuestra ruta en coche. 

Y fue ruta improvisada totalmente porque casi no miramos el mapa y cuando nos quisimos dar cuenta estábamos bastante alejados de Fleix. Pasamos por el mirador del Vall de Pop y nos dirigimos después a Xaló, con la esperanza de ver su mercado de antigüedades, aunque no caímos en que sólo se celebraba los sábados.


De camino a casa, encontramos por casualidad una zona de restaurantes y entramos en Casa Aleluya a la salida de Xaló (o Jalón). Aunque había varios cercanos, nos decidimos por éste porque había relativamente bastante gente y eso suele ser señal de que hacen bien las cosas. Y no fallamos. Normalmente TripAdvisor nos echa una mano en estos casos, pero no hizo falta.

Tapeamos un poco de ensaladilla rusa (algo fresco era necesario), alitas a la barbacoa y albóndigas en salsa, todo casero y muy rico. Y finalizamos con una tarta de queso que estaba buenísima. ¡Acierto total!



Algo que no hicimos el día anterior y que no podíamos dejar escapar, era pasar la tarde en la piscina de la finca. De buen tamaño y con una zona de solarium con tumbonas y sombrillas, disfrutamos de un rato de baño y relax. ¡Me hubiera quedado a vivir allí! Además, darse un baño con esas vistas a la montaña es maravilloso.

Y terminamos la noche de igual forma que las anteriores. En el restaurante compramos unos bocadillos y nos los cenamos mientras vimos una película. Y a dormir, que a la mañana siguiente tocaba madrugar para ir a trabajar.



El lunes desayunamos también allí, ya que yo entraba a trabajar a las 13:30h en Valencia y no sabía si me daría tiempo a comer, así que con todo eso en el estómago, pusimos rumbo a casa.

He de reconoceros que a pesar de ser tan sólo una escapada de 2-3 días, me ha servido para desconectar mucho, descansar y relajarme. Y pasar tiempo con mi chico, que por nuestros horarios de trabajo no siempre es posible.

Creo que no hará falta que os diga que os recomiendo 100% LA CASOTA, por las instalaciones, el entorno y por el maravilloso y cercano trato recibido por parte de Joaquina y Svetlana. Volveremos, aunque tenemos claro que sería en primavera u otoño, cuando pudiéramos hacer las rutas caminando. 

De todos los hoteles rurales a los que hemos ido, sin duda, se ha convertido en mi favorito. Perfecto para escapar de la rutina y dejarse llevar.


Y hasta aquí la entrada de hoy. Espero que os haya gustado. Ya sabéis que podéis compartirlo en vuestras redes sociales y podéis comentarme aquí debajo qué os parece. 

¿Qué os ha parecido LA CASOTA?
¿Cuál es vuestro lugar preferido para perderos?

   
   
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2 comentarios:

  1. Por favor qué sitio más bonito!!! super fichado churri :D
    besotes amore

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  2. sin duda me lo apunto porque me encanta perderme! besitos!

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